Esta edición reproduce el textode la primera, publicada en 1914.
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ESTE breve libro, en donde la alegría y la penason gemelas, cual las orejas de Platero, estabaescrito para... ¡qué sé yo para quién!... paraquien escribimos los poetas líricos... Ahora queva á los niños, no le quito ni le pongo una coma.¡Qué bien!
«Dondequiera que haya niños—dice Nóvalis—, existeuna edad de oro.» Pues por esa edad de oro,que es como una isla espiritual caída del cielo,anda el corazón del poeta, y se encuentra allí taná su gusto, que su mejor deseo sería no tenerque abandonarla nunca.
¡Isla de gracia, de frescura y de dicha, edad deoro de los niños; siempre te halle yo en mi vida,mar de duelo; y que tu brisa me dé su lira, altay, á veces, sin sentido, igual que el trino de laalondra en el sol blanco del amanecer!
EL POETA
MADRID, 1914
Á LA MEMORIA DE AGUEDILLA,
LA POBRE LOCA DE LA CALLE DEL SOL,
QUE ME MANDABA MORAS Y CLAVELES
PLATERO es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, quese diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos deazabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lodejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolasapenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamodulcemente: "¿Platero?", y viene á mí con un trotecillo alegre queparece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...
Come cuanto le doy.Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar,los higos morados, con su cristalina gotita de miel...
Es tierno ymimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco como depiedra. Cuando paso, sobre él, los domingos, por las últimas callejasdel pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, sequedan mirándolo:
—Tiene acero...
Tiene acero. Acero y plata de luna, almismo tiempo.
LA cumbre. Ahíestá el ocaso,todo empurpurado,herido por sus propioscristales, que lehacen sangre pordoquiera. A su esplendor,el pinarverde se agria, vagamenteenrojecido;y las hierbas y lasflorecillas, encendidasy transparentes,embalsaman el instantesereno de unaesencia mojada, penetrante y luminosa.
Yo me quedo extasiado en el crepúsculo.Platero, granas de ocasosus ojos negros, se va, manso, á uncharco de aguas de carmín, de rosa,de violeta; hunde suavemente su bocaen los espejos, que parece que se hacenlíquidos al tocarlos él; y hay por suenorme garganta como un pasar profusode umbrías aguas de sangre.
El paraje es conocido, pero el momentolo trastorna y lo hace extraño,ruinoso y monumental. Se dijera, ácada instante, que vamos á descubrirun palacio abandonado... La tarde seprolonga más allá de sí misma, y lahora, contagiada de eternidad, es infinita;pacífica, insondable...
PLATERO juega con