[La ortografía del original (del año 1888) está conservada.
(Nota del transcriptor.)]
OBRAS ESCOGIDAS
DE
M. FERNÁNDEZ Y GONZÁLEZ
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SEGUNDA EDICIÓN
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MADRID
EST. TIP. DE RICARDO FÉ
CALLE DE CEDACEROS, NÚM. II
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1888
LOS HERMANOS PLANTAGENET
Es propiedad.
EL día 15 de noviembre de 1194, á la hora en que el sol se ocultaba traslos remotos confines del condado de Middlesex, tiñendo con reflejosamarillentos los girones en que se rompía al Occidente el ancho pabellónde nubes que encapotaba el cielo, una galera de altos mástiles y agudasvelas navegaba lentamente, ayudada por los remos de cien galeotes,subiendo con dificultad la corriente del Támesis, á dos leguas dedistancia de Londres.
Sobre el alcázar de popa de esta galera, recostado en un mástil en queapenas ondulaba al débil impulso de una pesada brisa sudeste un pendónrojo, cuyas plegaduras no permitían conocer los detalles del blasón quedejaba notarse de una manera confusa sobre él; apoyado en este mástil,repetimos se veía un hombre de figura atlética, con la mirada fija en ladistante ciudad.
Rodeábanle otros tres hombres, pero á cierta distancia, sin duda porrespeto, que miraban al mismo punto que el primero, con una expresiónmarcada de impaciencia.
Y esta impaciencia era muy natural; la galera adelantaba con tantalentitud, que á primera vista hubiérasela podido creer anclada, á no serpor el continuo y monótono ruido que producían azotando el agua losremos de los galeotes.
Suponiendo que nuestros lectores se impacientarán si llamamos muchotiempo su atención sobre el perezoso bastimento, lanzaremos nuestrorelato á todo vagor, pasaremos como un meteoro entre las áridas ysolitarias riberas de los condados de Surrey y Middlesex, cuyos límitesnaturales entre sí señala el Támesis, y sólo nos detendremos en unaensenada de la isla de los Perros.
Una vez allí, deberemos tomar tierra y observar. El islote que hoy sedenomina de los Perros, era en la época á que nos referimos, un terrenolargo y extrecho, levantado sobre el río á gran distancia de entrambasmárgenes. Coronábalo un espeso bosque de árboles que la mano del hombreno había cultivado; y ninguna senda nacía en sus riberas que atestiguaseel paso de la planta humana. Nadie había pensado en ponerle nombre, ó almenos nosotros lo ignoramos. Sea como quiera, desde él se veíaperfectamente á Londres tendido á su altura, y levantando sobre lamargen izquierda el recinto torreado de la ciudad y la villa, y sobre laderecha las feas casas de madera del arrabal Sowttwark. Nada de notablese veía en éste, mientras por el contrario, dominando los muros de laciudad y de la villa, se destacaba sobre el doble fondo de los campos ydel celaje la confusa aglomeración de torres de la Torre de Londres,entre las cuales como un pino entre retamas se alzaba la de White-tower(Torre blanca) construida por Guillermo el Conquistador: más allá en elcentro de la ciudad, aparecía l